En el Lanceot en prose el bosque es tratado como un espacio coherente y muy rico. No estamos ante un espacio real, un locus amoenus o un locus terribilis, sino ante un lugar autonomo, no creado para el disfrute del hombre pues solo muestra la omnipotencia de Dios. Cuando el hombre accede a el, tiene que ser consciente de que puede ser victima de todos los peligros, pues en sus arboles salen a su encuentro ataques para el hombre como caballero, amante y cristiano. Si desea consultar la version electronica de este articulo, pulse aqui